Arlet

Arlet tiene que bajar del cerro, atravesar varias colonias a pie y tomar un camión que la lleve hasta la casa de una amiga en el sector Lamadrid, al sur de la ciudad, muy lejos de Las Margaritas, para que le preste su computadora con internet.

Allá, hasta arriba de un empinado cerro de piedra azul y dura, donde no llega el agua potable ni los camiones ni el internet, vive Jazmín Arlet López Gaytán.

Atrás de esos cerros, hay más cerros y detrás de esos, otros y otros.

Todos los días Arlet tiene que bajar por este cerro, como joroba de dromedario, donde además de no haber pavimento ni drenaje, tampoco hay policía.

Y Arlet debe caminar y caminar antes de llegar a la civilización para ir a la secundaria, para ir a cualquier parte, con el riesgo de toparse a un delincuente.

En el cerro no hay escuelas.

“Tienen que atravesar cerros para llegar a una escuela o irse por la pavimentada, pero son como de 8 a 10 kilómetros para llegar”.

A estos cerros refundidos en el poniente de Saltillo, allá donde se mete y se oculta el sol, los bautizaron como colonia Las Margaritas, una favela en la que escapar de los robos, los pleitos callejeros entre jóvenes que no van a la escuela y la drogadicción, es casi un milagro. Arlet dice de Las Margaritas que es una colonia chica y escondida, donde los jóvenes se casan muy chicos, y algunos no tienen oportunidad de estudiar, porque sus papás no pueden.

“Hay mucha jovencita chiquita ya con bebé, ya no estudian y lo que hacen es juntarse o andar en el vicio. Como es una colonia que está muy a la orilla, se presta para hacer delincuencia de toda clase…

Arlet tiene 15 años y 10 de vivir hasta arriba del cerro, donde no hace mucho las casas de material fueron desplazando poco a poco a los chamizos de lámina y tablas.

ESCASEA LA TECNOLOGÍA Y SOBRA LA DROGA

Cerca de ahí hay vendimia de droga y la mayoría de los niños y jovencitos de 10 y 12 años se empiezan a meter en el vicio. Como que llega una cierta edad donde los padres no pueden cubrir gastos y donde ya no puedes… los dejan ahí”, narra Sandra.

Arlet, como los demás chicos de su edad, ya se ha habituado a vivir así, pero no se resigna a trasladarse de su colonia a otro lugar lejano donde haya señal de internet y una computadora, para mandar sus tareas escolares. En Las Margaritas, la colonia donde vive Arlet, no existen los ordenadores y aunque existieran no serviría de nada porque acá, hasta arriba del cerro, no hay señal de internet, no llega.

“Hemos batallado para que nos ayuden a instalar una red o una antena para que la comunicación sea más eficiente, no nos han hecho caso.

APROBÓ LA SECUNDARIA CON MUCHO ESFUERZO

Hemos solicitado que en uno de los terrenos que hay ahí como área verde se construyan unas aulas, como escuela, pero igual, ha habido negativas por el tipo de suelo… como es un cerro de piedra azul muy dura no han querido darle más vialidad o progreso a esa colonia…”, dice Sandra.

Y entonces Arlet tiene que bajar del cerro, atravesar varias colonias a pie y tomar un camión que la lleve hasta la casa de una amiga en el sector Lamadrid, al sur de la ciudad, muy lejos de Las Margaritas, para que le preste su computadora con internet.

“Hasta allá iba yo todos los días o me quedaba con ella en su casa. En la secundaria encargaban más trabajos de lo normal, exámenes y todo eso…”, dice Arlet.

Solo así se explica que Arlet haya terminado la secundaria con la llamada modalidad en línea o clases virtuales que ha impuesto la pandemia.

A pesar de esto, de todo, Arlet sueña:

Quiere ser arquitecta y luego ingeniero industrial, dice que para ayudar a los de su colonia. “Poner pavimento, ayudarles a construir, una casa de block”.

A Arlet, le gusta el estudio, le gusta estudiar, sus padres, un albañil y un ama de casa, se lo inculcaron, desde niña… Que estudiara!

“Nos dicen que sigamos adelante, por todo su esfuerzo para darnos estudio”.

UNA NIÑA CON GUSTO POR LA ALBAÑILERÍA QUE SUEÑA CON SER ARQUITECTA

Así como la jovencita ha construido, colocando uno tras otro los blocks, los muros para ayudar a su padre; así va formando su vida profesional.

Una tarde de miércoles, Arlet está sentada a la mesa de la cocina de su casa en Las Margaritas, mostrando una fotografía seis por ocho en color donde se ve a una nena de chaleco y falda escolar recibiendo un diploma.

De fondo las autoridades de la escuela y la muchedumbre.

Es Arlet, el día que se graduó de la primaria “Vicente Suárez”, y le entregaron su certificado de primaria. Entre el fajo de recuerdos familiares que se escurren entre las manos de Arlet, falta el de cuando salió de la secundaria 1 Nazario Ortiz Garza. No está, y nunca estará, lo veló el coronavirus.

“No hubo graduación”.

Suelta Arlet, mientras su vida transita por sus dedos en segundos; Arlet de bebita; Arlet en su graduación del kínder, Arlet con “El Manchas”, la macota de la casa, Arlet el día de su piñata, que cumplió siete años, Arlet junto al arbolito de Navidad, una Navidad, Arlet en Zacatera, el rancho donde viven los familiares de su papá, Arlet afuera del tejabán donde vivía cuando llegó a vivir con su familia a Las Margaritas…

Arlet es así:

Bajita, llenita, carirredonda, aperlada tez y una cola de caballo que le cae por la nuca, tiene la mirada limpia, la sonrisa fácil y la voz atiplada, es tímida, escurridiza, corta de palabras.

Pero sobre todo es bajita, tan bajita, que es difícil imaginar cómo alberga sueños tan grandes, Arlet quiere ser arquitecta y quiere ser ingeniero industrial.

“Es cierto, sí están bien canijas las condiciones donde ella vive, es una muchachita que lleva muy buenas calificaciones, ahora que andaba batallando por lo del internet cumplió con todas sus tareas, es una muchachita que le echa ganas, pero se la ha visto difícil. Mi intención con ellos es llevarlos a que sigan estudiando, les digo, porque las condiciones en la vida están muy difíciles, si no estudian lo único que va a pasar es que se casen chiquillos y se queden en Las Margaritas. He visto jovencitos muy chiquitos que se echan a la perdición o andan en la calle”, dice Sandra Vega de Antorcha Campesina.

Matemáticas 9.2. Se lee en una de las boletas de notas de Arlet, la de la primaria, parece. A Arlet le gustan las matemáticas y eso, dice, se lo debe a su abuelo, que es un fanático de los números.

AYUDA EN LA ALBAÑILERÍA

Más allá de unas escaleras de concreto que llevan hasta el segundo nivel. Arlet dice que a veces acompaña a su padre a trabajar en la obra, carga blocks, bate la mezcla, carga botes con mezcla y pega con la mezcla los blocks.

Su papá le enseñó, es un trabajo pesado, cansado, pero le gusta, dice. Dice que tal vez fue de andar en la obra con su papá que le nació el gusto por la arquitectura.

– Y ya le dijiste a tu papi que quieres ser arquitecta, ¿no?

– Ya.

– ¿Qué te ha contestado?

– Que le eche ganas!

Y es una noticia bomba en este cerro, en Las Margaritas, en un barrio como el de Arlet, donde los chavos de su edad, que jugaban con ella cuando chicos, ya son padres, viven perdidos en las drogas, arman broncas, roban a la colonia o han intentado matarse, algunos…

Hace poco uno se suicidó.

Arlet dice que por eso de las clases virtuales muchos niños y jóvenes de Las Margaritas que habían salido de la primaria o la secundaria se han desanimado en seguir estudiando.

Ella está segura de que quiere ingresar a la preparatoria, pero… anda nerviosa… En el cerro no hay internet ni computadora y…

– Pero vas a ser arquitecta ¿no?

– Sí… También ingeniero industrial…!

Por Jesús Peña - Saltillo, Coahuila.

Adaptación Gema Mendoza Mtz.

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Respuestas

  • Defnitivamente! Vivimos dias muy dificiles, el mundo se vuelve como a oscuras, donde los sueños parecen aun mas dificiles de cumplirse. Sin embargo, seria peor no tenerlos; seria peor no soñar. Esta es una historia que debemos hacer correr, porque tal vez alguien que la vea, y la entienda, pero tambien tenga las condiciones y la volundad para ayudar que los sueños de Alert y de otras personitas como ella, puedan realizarse. hay que comunicar la vision, porque ella y otros niños del cerro, necesitan que le ayudemos con sus sueños. Si te puedes comunicar con Alert y grabar un video o un documental de ella o con ella y otros niños, yo lo haria llegar a personas que estoy seguro que podrian, de alguna manera, ayudar a estos niños soñadores.

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